Padmasana, asana ideal para la meditación

La práctica del Yoga, una cadena de favores entre sistemas

El Yoga, ejercicio de mente y cuerpo, se caracteriza por su capacidad para reducir el estrés y favorecer el bienestar, pero también ofrece amplísimos beneficios para la salud física que rivalizan con otras prácticas. Aunque la situación general de la investigación científica sobre los beneficios del Yoga aún no ha madurado,  conocemos potenciales efectos en el cuerpo y en los sistemas que lo integran.

Nuestro cuerpo funciona como un todo interconectado entre sí y con el medio que le rodea. Cuando una parte enferma no es sólo porque esa parte está enferma, sino que es la manifestación de un desequilibrio en todo el sistema “cuerpo humano” que se manifiesta en ese síntoma o enfermedad.

Formulémonos una simple pregunta, ¿es posible resfriarse menos cuando se es practicante de Yoga? Primero tenemos que pararnos a entender mejor cómo funciona el sistema inmunológico, el encargado de desencadenar respuestas de defensa ante los agentes extraños.

Los resfriados son originados por bacterias que afectan a este sistema, causando congestión, tos y dolor de garganta. La primera línea de defensa constituye un  verdadero obstáculo físico protector. La membrana cutánea (piel) y la mucosa (recubre ojos, nariz, boca, garganta, etc.) y otros recursos como sustancias químicas (sebo, moco, enzimas) inmovilizan e inactivan los agentes extraños, pero es cierto que suelen ser la vía más común de entrada de estos agentes.

Así que si el sistema inmunológico está débil, las bacterias pueden entrar en los pulmones y causar bronquitis o neumonía.  Pero si advertimos que los ejercicios respiratorios en Yoga son uno de los pilares básicos de la práctica y que con ellos limpiamos todo el sistema respiratorio y aumentamos la elasticidad, capacidad y fuerza pulmonar, podemos asegurar que vamos a ir ganando puntos para estar más fuertes ante los agentes potencialmente nocivos provenientes del ambiente externo.

¿Y si podemos usar la respiración de forma consciente para obtener más beneficios como producir relajación en el organismo?

Es innegable que este proceso autónomo nos ayuda a conectar con nuestro yo cuando nos servimos de él conscientemente. Vamos más allá, con la práctica prolongada la respiración consciente nos ayuda a desidentificarnos de emociones que llegados a cierto punto ya no son necesarias, que no tienen por qué persistir.

 

Por qué hablar de emociones

Sencillo. Porque llega el turno de hablar del sistema nervioso, el bien llamado director de orquesta, el que controla todo, debemos saber que regula parte del funcionamiento del sistema inmune, también está conectado con el sistema endocrino, el cerebro controla la secreción de hormonas desde el hipotálamo. Vayamos por partes.

Compuesto por:

El sistema nervioso central: encéfalo, tronco del encéfalo, cerebelo y medula espinal.

El sistema nervioso periférico: ganglios y nervios que salen y entran de la médula y que llegan a todos los órganos, sentidos, músculos y piel, que se a su vez se divide en:

  • SNPmotor: controla los movimientos.
  • SNPsensitivo: recoge la información de los sentidos y la sensibilidad tanto consciente (piel) como inconsciente (de las vísceras, órganos, músculos y articulaciones).

El sistema nervioso vegetativo: es el encargado de controlar todas las funciones automáticas del cuerpo, como la digestión, el ritmo cardiaco, el respiratorio, glándulas, parte de las secreciones hormonales, etc.

  • Sistema nervioso simpático: actividad y alerta. Se activa ante situaciones de estrés. Tiene un afecto en cada órgano interno, facilitando el rendimiento de unos y ralentizando las funciones de otros. Aumenta el rendimiento del corazón pulmones, aumentando el ritmo cardíaco y dilatando los bronquios, y deriva sangre a los músculos de las extremidades. Sin embargo, los órganos internos de digestión y eliminación reciben menos riesgo y frenan su funconamiento.

 

  • Sistema nervioso parasimpático: relajación descanso. Se activa en situaciones en las que el entorno es favorable al organismo (tranquilidad, comida disponible, reposo), facilita el desarrollo, el crecimiento y la reparación de tejidos. Facilita la digestión y excreción entre otros procesos.

 

El Yoga en realidad estimula el sistema nervioso parasimpático, que nos tranquiliza y restablece el equilibrio. Cuando el sistema nervioso parasimpático se activa, la sangre se dirige hacia las glándulas endocrinas, los órganos digestivos, y la circulación linfática, mientras que la frecuencia cardíaca y la presión arterial  bajan. Con el sistema nervioso parasimpático en marcha, nuestro cuerpo puede mejorar la extracción de nutrientes de los alimentos que comemos, y eliminar más eficazmente las toxinas, debido a que la circulación se ve reforzada. Así que, con la activación parasimpática, el cuerpo entra en un estado de restauración y bienestar.

Por otra parte, los pensamientos y las emociones sutiles, influyen en la actividad y el equilibrio de nuestro sistema nervioso autónomo (SNA), que interactúa con nuestro sistema digestivo, cardiovascular, inmunológico y hormonal como hemos dicho. La sensación de paz, que puede producirse tras una clase de yoga, genera un mayor equilibrio en el sistema nervioso autónomo, afectando a un mayor equilibrio del sistema hormonal e inmunológico y más eficiente la función del cerebro.

 

*El artículo está incompleto, la segunda parte será publicada aparte.

 

Referencias

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