Rinoceronte de Ionesco, la mole que “sin embargo se mueve”.

Del 17 de diciembre al 8 de febrero de 2015 podemos asistir a esta versión lúcida del clásico del absurdo de Ionesco, Rinoceronte, en el teatro María Guerrero.

Ernesto Caballero acierta con esta propuesta concebida en un momento histórico en cierta medida equiparable al de hoy, y lo hace con un reparto de actores y actrices que no dejan indiferentes al público, y una escenografía de férreas escaleras que evocan un callejón sin salida.

La historia gira en torno a una epidemia que asola a los ciudadanos de una pequeña ciudad de provincias y que simboliza la propagación y aceptación social del totalitarismo, poco a poco van cayendo en una metamorfosis que convierte a los humanos en rinocerontes.

El humor absurdo de la pieza sirve para materializar la esencia contradictoria de las sociedades y el rumbo que los acontecimientos toman cuando la inercia es la fuerza motriz.

Berenguer interpretado por Pepe Viyuela es el único que no sucumbe y que a su manera también sufre una transformación, pues al principio es quien resta más importancia a los rocambolescos hechos y sin embargo es quien antes los acepta y se opone a dejarse llevar, haciéndonos reflexionar acerca de lo duro y difícil que supone pertenecer a la minoría que reflexiona y que siente no poder parar a esa mole pesada que se impone, aunque no nos quede claro si por determinación o debilidad.

Impresiona la mutación de Juan, el amigo del protagonista, en bestia a ojos de todos, cuerpo y voz al servicio de la perturbación más absoluta.

Fernanda Orazi encarna a una Daisy que acompaña y resiste casi hasta el final haciendo más patente con su abandono la soledad y la marginación de quien por voluntad propia acepta responsabilidades individuales y adopta posturas en momentos de transformación social.

Música, espacio sonoro y bestiario excelentes.

Berenguer: “A lo mejor no podemos zanjar filosóficamente esta cuestión. Pero prácticamente, es fácil. Nos demuestran que el movimiento no existe… y uno camina, camina, camina… (Se pone a caminar de un extremo al otro de la pieza) … camina o se dice a sí mismo, como Galileo: “Eppur, si muove…”.